Indomable, de @srtabebi

indomableEscribir un poema es como hacer un pastel de carne. Conviene dorar la masa y darle un aspecto apetitoso y crujiente, pero su interior debe estar relleno de jugos, a ser posible humanos. Se reconoce a los malos reposteros porque respetan las formas elementales (aunque a veces ni eso), pero pierden los detalles: ésta que nos ocupa hoy, por ejemplo, coloca carne cruda dentro de una masa mal cocinada y que se derrumba y se cree que alguien querrá comerse el resultado, aún a riesgo de indigestión.

No, no por utilizar palabras como ‘obscena’, ‘coño’ o ‘follar’ eres más irreverente. No, tu ‘poema’, me refiero a éste, no denuncia nada. Nadie te juzga y nadie te doma, a tu pesar.

“Me llaman obscena / Aquellos que se masturban / Cuando no hay nadie / Me llaman obscena / Los que follan / Mucho o poco, los que tienen o no hijos / Me llaman obscena.”

De verdad. ¿Hace la repetición que un poema se vuelva profundo y revelador? Probablemente no, sobre todo si lo que se repite es una rabieta de adolescente emo que busca atención y decir muchas palabrotas muy alto por encima de todo. Tampoco este escrito nos ofrece una visión original, ni un entendimiento que rasque un poco la superficie de la sociedad, ni supone un ejercicio, aunque fuera malo, de fluir de consciencia. Es simplemente un divagar sin decir nada, espolvorear una cita por aquí y una palabra semichocante por allá como si fueran granitos de sal que fueran a dar más sabor a la pieza. Pero tampoco. Entonces, ¿por qué escribe un poema, y no un ensayo o una novela o un panfleto? Porque partir la línea de vez en cuando y repetir hasta la saciedad es el avecrem de sus platos. Pero el resultado sigue siendo insípido e intragable.

Si este personaje abriera una tienda de pasteles, sanidad le cerraría el chiringuito por delito contra la salud pública. Qué pena que no seamos así de estrictos con los reposteros del verso.

Un comentario en “Indomable, de @srtabebi

  1. Iba a decir que me gusta tu crítica, pero debo escribir que me encanta. Sin pelos en la lengua ni medias verdades para edulcorar el resultado. Que comparto los puntos de vista expuestos, es obvio. Lo que me asombra es tu capacidad y valentía para afrontar el panorama actual de las escrituras y sus ocurrencias, sobre todo en la poesía, sin despeinarte. En cierto modo me recuerdas aquel cuento que no lo era tanto del rey que se paseaba desnudo ante sus súbditos y todos aseguraban verlo en sus mejores trajes para evitar ser señalados de hijos ilegítimos. Pero la mirada limpia, honesta y sincera de un niño (podría ser también un borracho o un loco) lo señala con el dedo y proclama que está desnudo.
    Moralejas aparte, recibe mis respetos y aplauso. He visto al rey desnudo.
    Salud.

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