Patria, de Fernando Aramburu

El último Premio Nacional de Narrativa cuenta la historia de un empresario muy amigo de sus amigos, muy bueno muy bueno, muy sencillo y mu majo, un hombre hecho a sí mismo que da trabajo de calidad a muchos obreritos en su pueblo natal. Un mal día lo asesina ETA por negarse a pagar un chantaje, y su asesino resulta ser el hijo de un buen amigo, un joven frustrado y poco comunicativo que trae a sus papis por la calle de la amargura. En un giro misterioso, todo el pueblo se vuelve de pronto contra la víctima: sin que medien declaraciones políticas de ningún tipo, el personaje pasa de ser un afable pequeño empresario que habita un cómodo terreno neutral, a atraer sobre sí y sobre su familia un ostracismo aterrador. Psicológicamente poco plausible, ¡pero quién entiende a las masas, amiguitos, y mucho menos si son vascas!

Yo no voy a quejarme, como ha hecho alguna gente muy baja, de la política de esta novela. Uno es un simple barbero con gusto por apurar sus afeitados, un ser, digamos, más bien amoral, y no se mete en si esto es o no es propaganda españolista. A mí en las obras lo único que me interesa es la ejecución, si me permiten la gracieta, y mi problema es que la ejecución de este Premio Nacional de Narrativa es más bien torpe.

No me refiero sólo, por desgracia, a la torpeza estilística: incluso me gusta a ratos su dejadez, el sonido local del norte, seco, inculto y sin gracia, o las elipsis con las que despacha muchas de las enojosas convenciones del realismo. Es verdad que con la excusa de seguirle el hilo a personajes vulgares, acaba volviéndose vulgar toda la obra, pero ése, repito, no es mi problema.

Mi problema es la falta de matices, lo grosero del trazo: ¿No podría el buen empresario, amigo de sus amigos, sencillo y trabajador, ser un poco menos sencillo y un poco más interesante? ¿Qué tal si se hubiera tratado, por ejemplo, de un concejal del PP o de un periodista del ABC? ¿De alguien menos diseñado para concitar las simpatías inmediatas de lectores de todos los colores? ¿Qué tal si el joven etarra, como los terroristas de Dostoyevsky, defendiera sus acciones un poco mejor? Que sí, que la cuadrilla, que el entorno, que el matriarcado, pero eso no se da sin un aparato conceptual y una mitología creíbles. Que por cierto, siguen bien vivas en Euskadi.

Se está celebrando esta novela como un triunfo de realismo y sutileza, y no es de extrañar dado el cuento para idiotas que ha sido el relato vasco en España durante décadas. Pero aún así le falta sutileza y le sobra simplismo, aún así no está a la altura de la complejidad del problema, ni desvela ni un décima parte de las mentiras que sus protagonistas todavía se cuentan a sí mismos.

Aquí, entre barba y barba, seguimos esperando al narrador que haga justicia al “conflicto”. Aramburu no lo es, al menos de momento.

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4 comentarios en “Patria, de Fernando Aramburu

  1. Cuando se tratan temas políticos difícilmente va a gustar a todo el mundo. Además, corres el riesgo de quedarte a medias tintas al no querer profundizar, que como explicas, creo que es lo que ha pasado en esta novela.
    Buena reseña. Aprovecho para desearte un feliz año, lleno de lecturas buenas 😅😉

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    • Lo malo, Lídia, es que yo creo que sí ha querido profundizar, pero lo ha hecho de la mano de demasiados prejuicios. Mis lecturas para el 2018 serán buenas, es inevitable, porque las malas no me duran más de 20 páginas. No te deseo un feliz 2018 porque la felicidad es un cuento, pero te deseo un 2018 salvaje y divertido.

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